domingo, 2 de diciembre de 2012

PSICOTERAPIA EN EL ÁMBITO EDUCATIVO

 

LA PSICOTERAPIA EN EL ÁMBITO EDUCATIVO

Diariamente, los docentes se enfrentan a diversas problemáticas que les afectan como individuos o como colectividad, tales como bullying, drogadicción, pandillerismo, deserción, embarazos no deseados, reprobación, entre otros. Para abordarlos no sólo se requiere de la habilidad de generar confianza y el acercamiento pertinente entre el docente y el alumno, se necesita sobre todo, contar con las herramientas psicoterapéuticas para que el primero pueda realizar una labor educativa más eficiente en beneficio del segundo.
Lo anterior implica, diseñar estrategias tendientes a fomentar la creación de programas que aporten los fundamentos encaminados a fortalecer la labor en el área psicoeducativa de las instituciones escolares, con los cuales se habilite a los profesores para desempeñarse profesionalmente en el apoyo a la solución de problemáticas educativas individuales y/o colectivas, tanto dentro como fuera del centro escolar.
Es necesario pues, que el docente, aborde los problemas psicoeducativos, dando prioridad al análisis y solución particular de casos conflictivos, generando propuestas psicoterapéuticas de intervención más eficaces.
Para lograr lo anterior, el docente debe aprender a diseñar estrategias eficaces de intervención para problemas académicos y conductuales que se presentan eventual o cotidianamente en los estudiantes.
Se requiere además que sea capaz de determinar las tácticas más idóneas de integración escolar para motivar un clima institucional lo más adecuado posible; ello implica que la psicoterapia en el ámbito educativo, deberá estar orientada a realizar acciones integralmente planeadas de:
  • Prevención
  • Orientación
  • Asistencia
  • Rehabilitación
  • Supervisión de casos
  • Detección de problemas psicosociales y educativos
  • Intervención socio-educativa
  • Asesoramiento individual, familiar e institucional
Mediante estas acciones, el docente estará en condiciones de mejorar la calidad del trabajo que realiza tanto dentro como fuera de los espacios áulicos, en el entendido de que se habrán generado las bases necesarias para compartir valores y normas cognitivas, conductuales y afectivas entre todos los miembros de la comunidad escolar y de sus familias.
Con lo anterior, se contribuye, desde el área psicoeducativa, a satisfacer la necesidad que todos los docentes tienen de compartir sus experiencias, aclarar dudas, confirmar sus planteamientos en el abordaje de un determinado caso, analizar situaciones concretas que han surgido durante la intervención, o conocer los avances en el abordaje de los distintos problemas psicológicos en el ámbito educativo.
Una cuestión que también es necesario destacar, es el hecho de que se abre la posibilidad de que tanto docentes, como directivos, estudiantes y familiares, se inicien en la búsqueda sistemática y fundamentada de soluciones conjuntas en torno a problemas tales como: indisciplina, faltas de respeto, intolerancia, entre otros; por lo que en ésta indagación remedial, se podrán iniciar procesos de formación permanente y colectiva en todos los integrantes de la comunidad educativa.
La psicoterapia en el ámbito educativo se desarrolla en los niveles siguientes:
  • Intervención: Proporcionar herramientas para detectar y prevenir desadaptaciones funcionales, psicológicas, educativas y sociales, con lo que se está en condiciones de evaluar las capacidades personales, grupales e institucionales, a fin de promover el desarrollo de soluciones más eficaces.
  • Orientación y asesoramiento: Promover la participación en la organización, planificación, desarrollo y evaluación de los procesos de orientación y asesoramiento vocacional, profesional y ocupacional para colaborar en el desarrollo de las competencias profesionales de las sujetos escolares, en la clarificación de sus proyectos de vida, en la idea de apoyarse colectivamente, no sólo del hacer, sino en el ser de los miembros de la comunidad escolar.
  • Prevención: Detectar las influencias más significativas del contexto sociocultural de la comunidad escolar para elaborar programas tendientes al desarrollo de las capacidades psico-socio educativas, previniendo las consecuencias negativas que pudieran generar las diferencias entre las necesidades de la población escolar y las respuestas de los sistemas sociales, culturales y comunitarios, en aspectos tales como: la adaptación inicial a la escuela, detección precoz de de alumnos , docentes y directivos con necesidades educativas especiales, drogadicción, alcoholismo, entre otras.
Culiacán, Sinaloa, invierno de 2012
Antony Peper

martes, 13 de noviembre de 2012


Dr. Mario A. Rosen


HOY NO SABEMOS QUIEN CAMBIÓ LAS REGLAS.
SOMOS INSOLENTES, ARBITRARIOS, INTOLERANTES, IRRESPETUOSOS...
W.CHARLS Z
El Dr. Mario A. Rosen es médico, educador, escritor, y empresario exitoso.
Tiene 63 años.
Socio fundador de Escuela de Vida, Columbia Training System, y Dr. Rosen & Asociados.
Desde hace 15 años coordina grupos de entrenamiento en Educación Responsable para el Adulto.
 
Cuando yo era un niño, en mi casa me enseñaron a honrar dos reglas sagradas:
Regla N° 1: En esta casa las reglas no se discuten.
Regla N° 2: En esta casa se debe respetar a papá y mamá.
 
Y esta regla se cumplía en ese estricto orden.
Una exigencia de mamá, que nadie discutía... Ni siquiera papá. Astuta la vieja, porque así nos mantenía a raya con la simple amenaza: "Ya van a ver cuando llegue papá".
 Porque las mamás estaban en su casa.
Porque todos los papás salían a trabajar...
Porque había trabajo para todos los papás, y todos los papás volvían a su casa.
No había que pagar rescate o ir a retirarlos a la morgue.
El respeto por la Autoridad de papá (desde luego, otorgada y sostenida graciosamente por mi mamá) era razón suficiente para cumplir las reglas.
Usted probablemente dirá que ya desde chiquito yo era un sometido, cobarde conformista o, si prefiere, un pequeño fascista, pero acépteme esto: era muy aliviado saber que uno tenía reglas que respetar.
Las reglas me contenían, me ordenaban y me protegían.
Me contenían al darme un horizonte para que mi mirada no se perdiera en la nada, me protegían porque podía apoyarme en ellas dado que eran sólidas..
Y me ordenaban porque es bueno saber a qué atenerse.
De lo contrario, uno tiene la sensación de abismo, abandono y ausencia.
Las reglas a cumplir eran fáciles, claras, memorables y tan reales y consistentes como eran "lavarse las manos antes de sentarse a la mesa" o "escuchar cuando los mayores hablan".
 
Había otro detalle, las mismas personas que me imponían las reglas eran las mismas que las cumplían a rajatabla y se encargaban de que todos los de la casa las cumplieran.
 
No había diferencias. Éramos todos iguales ante la Sagrada Ley Casera.
Sin embargo, y no lo dude, muchas veces desafié "las reglas" mediante el sano y excitante proceso de la "travesura" que me permitía acercarme al borde del universo familiar y conocer exactamente los límites.
Siempre era descubierto, denunciado y castigado apropiadamente.
La travesura y el castigo pertenecían a un mismo sabio proceso que me permitía mantener intacta mi salud mental.
No había culpables sin castigo y no había castigo sin culpables.
 
No me diga, uno así vive en un mundo predecible.
El castigo era una salida terapéutica y elegante para todos, pues alejaba el rencor y trasquilaba a los privilegios.
 
Por lo tanto las travesuras no eran acumulativas.
Tampoco existía el dos por uno.
A tal travesura tal castigo.
Nunca me amenazaron con algo que no estuvieran dispuestos y preparados a cumplir.
Así fue en mi casa. Y así se suponía que era más allá de la esquina de mi casa.
Pero no, lenta y dolorosamente comprobé que más allá de la esquina de mi casa había travesuras sin castigo y una enorme cantidad de reglas que no se cumplían, porque el que las cumple es simplemente un estúpido.
 
El mundo al cual me arrojaron sin anestesia estaba patas para arriba.
Conocí algo que, desde mi ingenuidad adulta (sí, aún sigo siendo un ingenuo), nunca pude digerir, pero siempre me lo tengo que comer: "la impunidad".
 
¿Quiere saber una cosa? En mi casa no había impunidad.
 
En mi casa había justicia, justicia simple, clara, e inmediata.
 
Pero también había piedad. Le explicaré: Justicia, porque "el que las hace las paga".
Piedad, porque uno cumplía la condena estipulada y era dispensado y así su dignidad quedaba intacta y en pie.
Al rincón, por tanto tiempo, y listo... Y ni un minuto más, y ni un minuto menos.
 
Por otra parte, uno tenía la convicción de que sería atrapado tarde o temprano, así que había que pensar muy bien antes de sacar los pies del plato.
 
Las reglas eran claras.
Los castigos eran claros.
Así fue en mi casa.
Y así creí que sería en la vida.
 
Pero me equivoqué. Hoy debo reconocer que en mi casa de la infancia había algo que hacía la diferencia, y hacía que todo funcionara.
 
En mi casa había una "Tercera Regla" no escrita y, como todas las reglas no escritas, tenía la fuerza de un precepto sagrado.
 
Esta fue la regla de oro que presidía el comportamiento de mi casa:
Regla N° 3: No sea insolente. Si rompió la regla, acéptelo, hágase responsable, y haga lo que necesita ser hecho para poner las cosas en su lugar.
 
Ésta es la regla que fue demolida en la sociedad en la que vivo. Eso es lo que nos arruinó.
 
LA INSOLENCIA. Usted puede romper una regla -es su riesgo- pero si alguien le llama la atención o es atrapado, no sea arrogante e insolente, tenga el coraje de aceptarlo y hacerse responsable.
 
Pisar el césped, cruzar por la mitad de la cuadra, pasar semáforos en rojo, tirar papeles al piso, tratar de pisar a los peatones, todas son travesuras que se pueden enmendar... a no ser que uno viva en una sociedad plagada de insolentes.
 
La insolencia de romper la regla, sentirse muy "vivo", e insultar, ultrajar y denigrar al que responsablemente intenta advertirle o hacerla respetar.
 
Así no hay remedio.
El mal del mundo es la insolencia.
 
La insolencia está compuesta de petulancia, descaro y desvergüenza.
 
La insolencia hace un culto de cuatro principios:
- Pretender saberlo todo.
- Tener razón hasta morir.
- No escuchar.
- Tú me importas, sólo si me sirves.
 
La insolencia en mi país admite que la gente se muera de hambre y que los niños no tengan salud ni educación.
 
La insolencia en mi país logra que los que no pueden trabajar cobren un subsidio proveniente de los impuestos que pagan los que sí pueden trabajar (muy justo), pero los que no pueden trabajar, al mismo tiempo cierran los caminos y no dejan trabajar a los que sí pueden trabajar para aportar con sus impuestos a aquéllos que, insolentemente, les impiden trabajar.
 
 
Léalo otra vez, porque parece mentira.
Así nos vamos a quedar sin trabajo todos.
Porque a la insolencia no le importa, es pequeña, ignorante y arrogante.
 
Bueno, y así están las cosas.
 
Ah, me olvidaba, ¿Las reglas sagradas de mi casa serían las mismas que en la suya?
Qué interesante. ¿Usted sabe que demasiada gente me ha dicho que ésas eran también las reglas en sus casas?
 
Tanta gente me lo confirmó que llegué a la conclusión que somos una inmensa mayoría.
 
Y entonces me pregunto, si somos tantos, ¿por qué nos acostumbramos tan fácilmente a los atropellos de los insolentes?
 
Yo se lo voy a contestar.
PORQUE es más cómodo, y uno se acostumbra a cualquier cosa para no tener que hacerse responsable.
 
Porque hacerse responsable es tomar un compromiso y comprometerse es aceptar el riesgo de ser rechazado o criticado.
 
Además, aunque somos una inmensa mayoría, no sirve para nada, ellos son pocos pero muy bien organizados.
 
Sin embargo, yo quiero saber cuántos somos los que estamos dispuestos a respetar estas reglas.
Le propongo que hagamos algo para identificarnos entre nosotros.
No tire papeles en la calle.
Si ve un papel tirado, levántelo y tírelo en un bote de basura.
Si no hay un bote de basura, llévelo con usted hasta que lo encuentre.
Si ve a alguien tirando un papel en la calle simplemente levántelo usted y cumpla con la regla 1.
 
No va a pasar mucho tiempo en que seamos varios para levantar un mismo papel.
 
Si es peatón, cruce por donde corresponde y respete los semáforos, aunque no pase ningún vehículo, quédese parado y respete la regla.
 
Si es un automovilista, respete los semáforos y respete los derechos del peatón.
 
Sea educado al manejar, dar el paso demuestra educación.
 
Si saca a pasear a su perro, levante los desperdicios.
 
 
Todo esto parece muy tonto, pero no lo crea, es el único modo de comenzar a desprendernos de nuestra proverbial INSOLENCIA.
 
Yo creo que la insolencia colectiva tiene un solo antídoto, la responsabilidad individual.
 
Creo que la grandeza de una nación comienza por aprender a mantenerla limpia y ordenada...
 
Si todos somos capaces de hacer esto, seremos capaces de hacer cualquier cosa.
Porque hay que aprender a hacerlo todos los días.
 
Ése es el desafío.
 
Los insolentes tienen éxito porque son insolentes todos los días, todo el tiempo.
 
Nuestro país está condenado: O aprende a cargar con la disciplina o cargará siempre con el arrepentimiento.
 
¿A USTED QUÉ LE PARECE?
 
¿PODREMOS RECONOCERNOS EN LA CALLE?
 
 
Espero no haber sido insolente.
 
En ese caso, disculpe.
 
Dr. Mario Rosen
(¿Sería muy insolente si le pido que lo reenvíe?)







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Saludos